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Itatí, tierra de María

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roberto simionattoPor P. Roberto Simionato fdp, rector y párroco del Santuario de Nuestra Señora de Itatí desde 2009 a 2015

 

Me llamó la atención ese árbol majestuoso que se destacaba en la llanura, justo en un recodo del camino. Estaba visitando a mis hermanos misioneros en África, más precisamente en Kenya, hace unos años. Pregunté, curioso, y me contaron que al pie de ese árbol la gente del lugar se reunía a rezar y a ofrecer culto a la divinidad. Me quedé pensando. 

Nuestra tierra santa

Desde siempre, el corazón del hombre necesita un lugar donde encontrar a Dios. Ese lugar, por simple que sea, se vuelve tierra santa: santuario le decimos.

Cuando hacemos lo que hoy se ha dado en llamar “turismo religioso” descubrimos que la perfección de Dios habita en los escenarios más hermosos de la tierra. Hay una geografía de los santuarios en nuestros países que suele coincidir con el encanto del paisaje, donde la belleza se junta con la gracia de Dios para hablarle al corazón del hombre.

¡Es lindo Itatí! 

Ésta es la historia de nuestro terruño. Porque la Virgen tenía un plan para sembrar el evangelio en nuestros pueblos, se eligió “por Reino Corrientes, por trono Itatí”, como cantamos en su himno. Y porque Itatí es hermoso, aquí se quedó la Virgen.

La emoción embarga al promesero cuando desde el empalme o el atajo, divisa la silueta de la basílica que se recorta en el horizonte. Se le pasa el cansancio. El alma le vuelve al cuerpo. El corazón se agita palpitando el encuentro. Y más lindo todavía se ve el Santuario desde el río. Luce alto y erguido en las rocas firmes de la orilla. Sumergido y tembloroso en sus reflejos cuando el agua mansa se vuelve espejo.

Una historia de fe de más de 400 años

Cuando los misioneros anunciaron a los guaraníes que Jesús, el Hijo de Dios, es el Salvador, se produjo el milagro. La Virgen María, la madre de Jesús, comenzó un diálogo permanente con sus hijos que lleva más de 400 años. La piedad del pueblo le hizo una casa a su madre, primero una humilde ermita, luego uno y otro templo hasta llegar a la majestuosa basílica que hoy nos recibe.

¿Qué viene a buscar el peregrino?

A la casa de Mamá María llega el peregrino.

Maltratado por la maldad de un mundo agresivo, busca un lugar de paz.

Como el navegante, busca el puerto.

Como el perseguido, busca un refugio seguro.

Se alegra como el náufrago, cuando toca tierra firme. 

Sacia su sed como el beduino, cuando llega al oasis de agua viva.

 

¿Qué nos pide el peregrino?

Bendiciones, agua bendita, una imagen. Es como llevarse algo que prolongue la visita. Como si dijera: “Me gustaría quedarme, pero no puedo y me llevo algo que transforme en templo mi casa”. Porque el crucifijo, la imagen, la estampa, el recuerdo, todo va al altarcito de casa que reproduce el santuario. Es el lugar de la oración de la familia reunida, la memoria de la fe de nuestros padres.

A veces me pregunto: ¿qué hay tras ese deseo casi compulsivo de bendiciones que tiene nuestro pueblo? ¿Costumbre, magia? Tal vez en algunos casos, pero casi siempre es sed de Dios, necesidad de sanar las heridas, de volver a la vida.

Nos piden sacramentos: bautismo, matrimonio, confesión... Sobre todo el perdón de los pecados, la reconciliación. El Santuario es el confesionario del NEA, del país entero.

Junto a las habituales, están las confesiones de “hace 20 o 30 años que no me confieso”. Son las mejores. Es la fiesta de la misericordia. “El Padre Dios te estaba esperando. Al fin volviste”.  Nacer de nuevo en Itatí, eso es la confesión. Aquí se entiende que Dios es misericordia. Tanto amó Dios al mundo que nos mandó a su Hijo para salvarnos.

 

Un diálogo secreto que sólo Dios conoce 

El pueblo necesita ser escuchado. Eso nos pide cada día. De ahí la escucha, la bendición, la confesión. Pero el diálogo íntimo entre Dios y el peregrino, entre los hijos y la Madre, sin intermediarios, permanece secreto y es el más profundo. No se inventó todavía un grabador espiritual que pueda registrar lo que cada peregrino le cuenta a su Madre. ¡Cuántas sorpresas nos llevaríamos si pudiéramos escuchar ese dialogo secreto “corazón a corazón”! Algo se refleja en los cuadernos en los que el peregrino escribe sus intenciones. Pero lo más rico queda escondido en el corazón de Dios.

Hay quienes discursean con muchos rezos.

Hay quienes callan y escuchan.

Hay diálogo de palabras.

Hay diálogos de lágrimas.

Hay diálogos de miradas.

Sólo Dios comprende todo porque es Misericordia infinita. Sólo a Dios el honor y la gloria.