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¡Cómo no voy a venir!

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Por Mariano Martínez

Los santuarios, que en origen fueron sencillamente lugares de culto o capillas, se convirtieron luego en meta de frecuentes peregrinaciones a la Virgen debido a una particular devoción hacia Ella. Es Ella la que se ha hecho presente y ha querido estar entre sus hijos, sobre todo en los primeros momentos de la evangelización, para confortarlos y asegurarles en la fe.
El Santuario de Nuestra Señora de Itatí no es la excepción y, por eso, a lo largo del año muchas peregrinaciones llegan hasta él, algunas de ellas centenarias. Como las de los pueblos de Santa Ana, Paso de la Patria y San Cosme que arriban en abril para la Fiesta de la Proclamación de la Virgen de Itatí como patrona y protectora de la diócesis; o la de San Luis del Palmar, que en julio llega para honrar a la Virgen en el aniversario de su Coronación Pontificia. Ambas llevan 115 años manifestando su filial amor a la Madre. Es todo un espectáculo digno de observar a miles de personas de a pie, a caballo o en carretas, que marchan kilómetros con todos los enseres necesarios para los días que durará la peregrinación.

En septiembre, la Sociedad de Peregrinos Virgen del Rosario se acerca para celebrar el cumpleaños de la Virgen. A su arribo al Santuario hacen su entrada de rodillas desde al atrio hasta el altar, en un admirable gesto de veneración. El amor a la Virgen María suscita una gran creatividad, tanto en las formas de expresión ritual, como también artística.

Los jóvenes también llegarán a los pies de María: de todo el noreste caminan desde Corrientes (capital) miles de chicos y chicas que marchan animados hacia Itatí. Luego de participar de la misa central y hacer su manifiesto, regresan a sus hogares y comunidades como auténticos misioneros, llevando consigo un mensaje esperanzador.

En vísperas de la Inmaculada Concepción, numerosas son las comunidades que arriban a la casa de María de Itatí. Pero hay en particular una, que procedente de Posadas (Misiones) , por casi cuatro décadas hace el trayecto de más de 250 kilómetros en bicicleta. Son miles “los ciclistas peregrinos” de todas las edades que después de desafiar las altas temperaturas logran su objetivo: “estar en la casa de la Madre”.

Como éstas, tantas otras peregrinaciones son dignas de destacar, como las que realizan las fuerzas de seguridad nacionales, comunidades ucranianas, catequesis especial, la Universidad Nacional del Nordeste, la policía de Corrientes, el Servicio Penitenciario, ciclistas de Monte Caseros, Diócesis de Goya, comunidades parroquiales, grupos y movimientos diocesanos...

odas destacadas por su convocatoria y continuidad en el tiempo.

Queda visto que “el Santuario tiene en la historia de la fe cristiana de la región un papel muy importante y que constituye la meta de numerosas peregrinaciones”.