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Una Madre que sabe escuchar

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Por Abdón Ignacio Maidana Arce

El peregrino que llega hasta la Basílica de la “Pura y Limpia Concepción de Nuestra Señora de Itatí”, es acogido por el amor maternal de la Virgen María. Contemplando la venerada imagen, su corazón se desborda en un cúmulo de sentimientos y emociones que solamente una Madre, conocedora de la intimidad del hijo, puede comprender. Son los anhelos, las esperanzas, las historias dolorosas o felices, los proyectos, las culpas, las dudas, las preguntas, etc., que se entremezclan en pesada carga y afloran cuando el espíritu se conmueve profundamente.
El itateño que no ha pasado por la experiencia del peregrino, siente quizá la misma conmoción espiritual cuando debe migrar por exigencias de la vida; y en ocasiones, la Basílica, figura referencial de su identidad lugareña, se le vuelve un punto de horizonte; ya sea por partir o (¡felicidad!) por volver.
Ni para el peregrino, ni para el itateño, sin embargo; el tiempo o el espacio logran desdibujar la imagen venerada de la Virgen de Itatí que lleva encuadrada en su corazón.
Estar físicamente ante su altar, en el Camarín, es un momento de paz y calma, que permite dejarse conducir por la Virgen hacia el encuentro con su Divino Hijo, para asumir con Él la gran promesa de seguirlo como fiel discípulo. Para ello, los sentimientos y emociones obran sobre la fe, como agua que hace crecer la planta.
En la intimidad del diálogo con María, se puede recibir la luz que aclara la conciencia cristiana del hijo fiel que le cuenta sus cosas y le pide o le agradece su intercesión; y así, en ese refugio seguro, poder observarse a sí mismo en relación con Dios, con la Iglesia y con sus hermanos; y luego, elaborar las decisiones fundamentales con las que reorientara la práctica de su vida diaria, procurando un nivel de mayor fidelidad a la Palabra.
Como ayuda para el proceso tan personal de hablar a la Madre y escucharla, en el Camarín de la Virgen existe un rincón donde se puede escribir en un “Libro de Testimonios y Agradecimientos”. Este libro está habilitado desde el año 1995. Anteriormente, cuando la revista “El Mensajero de Nuestra Señora de Itatí” se publicaba en forma mensual, los testimonios y agradecimientos se escribían en ella.
Los testimonios que se pueden leer en estos libros nos hablan sobre las dificultades de la vida y la manera de enfrentarlas por parte del devoto de la Virgen de Itatí que busca ser un buen discípulo del Señor Jesús. Revelan, sobre todo, como se aviva la fe a través de la conversación intima con su santa Madre.
Quien simplemente lee los testimonios, con buena disposición de espíritu, puede encontrar en ellos una suerte de contagio para fortalecer su propia fe.
Estos fragmentos extraídos del “Libro de testimonios y agradecimientos” permiten apreciar el mensaje no solo en el contenido de palabras, sino también en el modo de la escritura, en las expresiones y en el rol familiar o la edad que dejan transcender.

Así leemos en el primer testimonio en el libro habilitado el 14 de julio de 1995:
“Quiero que me ayudes en mis estudios virgencita. Angel -28/07/95.”

En otras páginas pueden leerse por ejemplo:
“Virgencita de Itatí, otro año más a tus pies… muchas gracias por los inmensos dones recibidos. Te quiero. Juana”

“Vengo a agradecerte por haberme ayudado en mi trabajo… Te pido humildemente que protejas a mi familia… Eustaquio T.”
“Te agradezco mucho que hayas guiado mis pasos durante mis estudios secundarios… Claudia”

“Hoy, día de mis 62 años, lo vine a festejar con vos. Gracias Virgen de Itatí, por todo”.

“Gracias por estar siempre entre nosotros. Familia Albornoz. 27/7/95”

“Perdón por haber ofendido de la manera que sabemos. Gracias por no fallarnos nunca. 7/8/06. Julián”

“Por favor que mi papá y mamá sean felices. Señor Jesús, por favor, te prometo que voy a ser monaguilla fiel. 26/06/14”

“Gracias por darme la oportunidad de demostrar que con voluntad, fe y responsabilidad todo es posible. Estela. 23/6/01”

“Virgen de Itatí, hoy aquí en tu casa no puedo parar de llorar por la paz que esto me inspira…”

Este puñado de testimonios nos permite reflexionar sobre lo que ha animado a los millones de fieles creyentes que, en algún momento de estos cuatrocientos años transcurridos, estuvieron frente a la venerada imagen con la que Fray Luis Bolaños dio significado y propósito al pueblo que fundó. Y así comprender que sigue plenamente vigente la fuerza espiritual que se puede hallar en ese lugar de paz que es el Camarín, para continuar trabajando con entusiasmo y alegría por la vigencia del mandato del Señor Jesús.